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ORÍGENES DE LA BALDOSA Y EL AZULEJO

ORÍGENES DE LA BALDOSA Y EL AZULEJO

ORÍGENES DE LA BALDOSA Y EL AZULEJO

En ocasiones, la cotidianidad de los objetos que nos rodean no nos permite ver más allá de los mismos.

En este caso vamos a centrar nuestra atención en las baldosas o azulejos que acostumbramos a ver recubriendo los suelos y paredes de nuestras viviendas. Este elemento constructivo o más bien cabría decir decorativo, como muchas otras cosas, tiene una historia detrás.

Habitualmente equiparamos estas dos palabras, pero en realidad no son lo mismo. Un azulejo es una losa cerámica cuyo soporte o ‘bizcocho’ es de mayólica; por su otra cara presenta un esmalte que puede ser de una gran gama de colores e incluso puede ir decorado. Una baldosa es una losa generalmente fina y pulida, que se usa para revestir suelos y paredes.

En el Neolítico el ser humano comenzó a emplear la tierra mezclada con agua para fabricar adobe, el siguiente paso en la evolución del adobe fue su cocción, técnica gracias a la cual hizo aparición el ladrillo.

El resto más antiguo de azulejo se constata ya en el V milenio antes de nuestra Era en la región de Oriente Próximo.

Para lograr el efecto del ladrillo vidriado se aplicó sobre la pieza una capa de barniz de cuarzo que posteriormente se secaba en hornos y que otorgaba a la baldosa un aspecto brillante.

El uso del azulejo y la baldosa en la antigüedad estuvo dedicado a decorar y adornar las edificaciones.

El azulejo y sus técnicas entraron en Europa en el siglo VII a través de al-Andalus, la península ibérica dominada por los musulmanes, y alcanzaron un esplendor del que todavía son ejemplo la arquitectura del Califato de Córdoba y la del Reino nazarí de Granada.

La mayoría de los solados antiguos eran de baldosa cerámica.

El formato típico de las baldosas de terracota hechas a mano era un cuadrado de 25 cm de lado.

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